lunes, 1 de mayo de 2017

Oscar Carrasquel: artífice de la palabra

El mapa de Villa de Cura siempre está presente en la infancia de Oscar Carrasquel, en la adolescencia, en la juventud y todavía representa para él muchas cosas que son dignas de contarse, de relatarse y de investigarse.

Nosotros en nuestro pueblo tenemos la dicha de contar con este humilde y sencillo cronista y poeta, quien ha creado un gran sentimiento de pertenencia con las cosas, los recuerdos de los acontecimientos que forman la vida apacible de la gente, la presentación de sus protagonistas y aquellos emblemáticos personajes que con su magistral y respetuosa pluma adquieren forma con alma, vida y corazón.

Oscar Carrasquel de una manera amena narra las vivencias de personajes, imágenes de otros tiempos que se transmitían en cada esquina, en cada tertulia, de padres a hijos, de abuelos a nietos, que desafortunadamente amenazan con perderse en la vorágine del tiempo. Como buen cronista de estirpe que es, la narración de la ciudad no se distrae en tediosas descripciones de personajes o de sucesos banales, sino que se concentra en el recuento animado y comprensivo de todo aquello que a nuestra ciudad le ha otorgado rostro propio y la hacen ser tan autentica como su cielo, o sus cerros, o sus hombres y mujeres.

Hasta donde sabemos, ni siquiera en nuestras escuelas universitarias de comunicación social, existen cátedras que den a conocer nuestra pequeña historia, de allí que siento una gran admiración por este ejemplar escritor que con dedicación, investigación y ahínco nos entrega sus trabajos sobre esta materia, para no condenar al olvido los hechos y personas que la conforman.

Pocas ciudades en nuestra tierra venezolana han recibido testimonio de devoción y afecto comparable al que dedica en sus escritos. Es el legado de uno de sus hijos que la quiere como pocos y la conoce como nadie.  Con su lectura logramos descubrir hechos casi desconocidos en los que la ciudad parece contar su propia historia familiar, que nos inunda de extasiada añoranza del pasado; encontramos un mundo ya ido al que quisiéramos retornar.  Nos cuenta de su lugar de origen, del sitio donde ha crecido, donde ha amado y donde ha tenido la posibilidad de tener olores, colores y sabores.

Este gran señor, Oscar Carrasquel, artífice de la palabra reivindica la poesía, la presencia de esta en la vida cotidiana; queden sus crónicas en lo afirmativo del alma villacurana y en la vigilia del sueño creador de las emociones y de las reflexiones de la ciudad amorosa, inclinada en el aroma estimulador de sus árboles y en la topografía sinuosa de sus calles, hasta llegar a la rumorosa brisa de su valle del Tucutunemo.

Gracias poeta, por mostrarnos como la crónica es una historia verdadera narrada con estilo; que una palabra produce mil imágenes; continua con tu prodigiosa sucesión de historias infinitas, con la poesía, con la imaginación, con la buena prosa.  He ahí los ingredientes del hechizo; solo se puede querer aquello que conocemos.


Chencho Adames Aponte                              

Villa de Cura, mayo de 2017



Oscar Carrasquel

Oscar Carrasquel. 2017. (Foto: Argenis Díaz).


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