domingo, 25 de agosto de 2019

El Joropo Central: orígenes, tradición y permanencia

A nuestros amigos del joropo central: Alfredo Sánchez, José “Chino” Rujano, Joaquín Villamizar, Dany Pérez, Pedro Sanabria, José Manuel Valera, Ramón Páez y Trino Lovera.

El Joropo Central es una manifestación musical y dancística de los estados centrales de Venezuela, específicamente: Miranda, Aragua y Carabobo, aunque se ha extendido hacia los llanos centrales y al Distrito Capital. Expresión folclórica compleja que permite tomar en cuenta música, baile, cultura, literatura, instrumentos, imaginación y cotidianidad. Muchos son los nombres ligados a esta música, convertidos en leyenda, como Margarito Aristiguieta, Ciro Pimentel. Juan Sanabria, Salvador Rodríguez, Fulgencio Aquino, entre muchos otros… Además, alrededor de esta manifestación hay todo un conglomerado y público consumidor de cultura; podríamos hablar de una industria cultural, donde participan compositores, cantantes, arpistos, bailadores, todos bajo el signo de “joroperos y joroperas”, familiares, amigos, empresarios, comerciantes, artesanos, productores radiales, locutores, animadores, equipos de grabación y editores que mantienen viva la tradición. 

Algunos gobiernos regionales, a veces, también han puesto su granito de arena generando festivales, rutas y eventos que promueven a los protagonistas del joropo central, los llevan a las escuelas y apoyan programas radiales para difundir la música central.

En cuanto a los instrumentos tradicionales que se utilizan para la ejecución del joropo central solo tenemos “Arpa, Maraca y Buche como suele llamarse a la voz del cantador”. Se diferencia del joropo llanero tanto en el baile como en los instrumentos que se utilizan, ya que en el llanero se usan el arpa, las maracas, el cuatro y desde hace décadas el bajo, además de que en las parejas de baile del joropo central el hombre es quien resalta, mientras que en el llanero pueden resaltar ambos bailadores. Por otro lado, en el llanero se puede encontrar la variante de la utilización de la bandola en sustitución del arpa, sobre todo en los llanos altos.

Instrumento unificador del joropo

El arpa es el instrumento más antiguo que se conoce. Existen evidencias en la Biblia y en lugares tan distintos como Egipto, Grecia, Mesopotamia, Europa y América. Constituye el instrumento musical unificador del joropo en sus diversas manifestaciones y variantes. Su presencia en las tradiciones musicales venezolanas es muy anterior al primer registro documental de la existencia del joropo. La documentación expuesta por Battaglini Suniaga (2014) indica que el arpa era conocida en los llanos centrales antes de 1620.

El arpa que se trajo de España en esos primeros tiempos era la distintiva arpa diatónica medieval-renacentista, que se difundió principalmente en nuestro país y en las repúblicas que hoy se conocen como Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, México, Colombia y Paraguay. La característica principal de esta arpa es que conserva iguales particularidades a la del siglo XVI, aunque haya aumentado el número de cuerdas de 24 o 27 a 32, 34 o 37; además, carecía de pedales. A lo largo de 300 años, españoles, africanos, indígenas y mestizos, colectivamente, pudieron muy bien reprocesar y readaptar la técnica del arpa popular española en los llanos y costas venezolanas, aunque conservando, sin saberlo, técnicas antiguas (improvisación y cromatismos) en los ejecutantes del arpa tradicional venezolana. 

Casi todos los que llegan a ser ejecutantes del arpa en Venezuela lo logran sin haber pasado por algún tipo de escolaridad o academia, valiéndose del dominio práctico-memorístico de los sonidos (o sea por oído musical, como se dice popularmente) y la imitación visual-oral de sus maestros “arpistos”, quienes a su vez aprendieron de la misma manera, desarrollando extraordinarias habilidades en la ejecución del instrumento.

Este instrumento, el arpa central, posee caja de resonancia más ancha que la llanera, la curvatura superior de la “ese” no es tan pronunciada y posee 34 o 36 cuerdas. Consta de cuerdas de acero, las 13 primeras, denominadas tiplitos; las 13 segundas, de nylon, tenoretes y las 8 o 10 últimas, también de nylon, bordones. El arpa del joropo llanero tiene todas las cuerdas de nylon. En el joropo central encontramos la caja, instrumento de percusión característico al igual que la mandolina, el cuatro y las maracas. Las maracas están elaboradas de taparas pequeñas que contienen semillas de capachos; a la más pequeña se le llama hembra, suena más grave y por lo general se ubica en la mano izquierda; a la más grande se le llama macho con un sonido más agudo y se ubica por lo general en la mano derecha; aunque algunos arpistos son ambidiestros y se sienten cómodos usando indistintamente la derecha o la izquierda. La percusión es el sonido que produce el zapateo en el hombre cuando golpea el suelo.

Orígenes

El joropo en Aragua y Miranda surgió en la época Colonial Venezolana, en las florecientes haciendas productoras de café, cacao y caña de azúcar ubicadas en las costas y serranías circunvecinas a pueblos y ciudades. Se tiene información de que el esclavo aprendió las melodías que escuchaba en sus momentos de descanso; luego de las faenas en las haciendas, el esclavo se deleitaba escuchando el arpa clásica de cuyos sonidos disfrutaban los amos, y fue así como reproduciendo, “construyó la de bambú con cuerdas de tripa animal”, creando nuevos ritmos y dándole mayor fuerza.

Magín Rodríguez (1978) señala que “el negro comenzó a imitar con el arpa la música de los fandangos, pero en su ejecución no pudieron evitar la influencia de la fuerza rítmica del negro, dándole a los bordones de una arpa rústica…” Opinión que comparte el investigador y folclorista Ramón y Rivera (1986). Los primeros fandangos llegaron a Caracas en el transcurso del siglo XVIII. Se ejecutaba en bandurrias, vihuelas y mandoras en las veladas de los “grandes cacaos”, como se llamaba a las familias pudientes. El fandango más popular que se conoce es el del Padre Soler en 1700 con los mismos giros del pajarillo y otras formas interpretadas en clavecín. 

No obstante, especialistas como Oscar Bataglini Suniaga sostienen que el fandango barroco “no es la única referencia filogenética del joropo” y que el joropo es mucho más que un “fandango aclimatado” o “tropicalizado”. Asimismo, las referencias que tenemos del fandango provienen de fuentes españolas, en el transcurso del siglo XVIII, como baile con características que se evidencian en las tipologías del joropo venezolano, como son el compás, las progresiones armónicas, el zapateo del baile y la cadencia frigia-andaluza también presente en el flamenco. Parece ser innegable el aporte de la música barroca con sus distintos elementos compositivos sobre el más reconocido género musical venezolano.

La primera mención documentada del joropo que se menciona en la Colonia es del 10 de abril de 1749, seguramente muy posterior a la aparición de los rasgos característicos del género (Bataglini Suniaga, 2014). Desde esa fecha tanto venezolanos como españoles diferenciaban claramente el fandango español del joropo. En cuanto a la palabra “joropo”, según el lingüista Ángel Rosenblat (1978) está evidentemente emparentada con “jarabe”, “Jaraba” y “jarope” con equivalentes en el español antiguo y clásico. Joropo es un derivado de “joropear” en el sentido de “bailotear”. Otros opinan que el término es una derivación de la voz árabe “Xarop” que traduce jarabe, “sirope” o “hidromiel”. Algunos estudiosos han sugerido la derivación quechua “huarapu” que dio origen a “guarapo” (Rodríguez, 1986). Conforme con esto, Best (1988) refiere en un documento colonial venezolano que “era tradición de los establecimientos agrícolas de la época, finalizada la molienda de la cosecha de caña de azúcar, agasajar a la peonada con una alegre fiesta en la cual se bailaba y se tomaba jugo de caña fermentada: el “guarapo” que con el tiempo de transformó en “joropo”.

Tradición

El joropo central ha experimentado algunas modificaciones en cuanto a la temática y contenido de las letras. Antes la letra se improvisaba y se le cantaba a la naturaleza, a las faenas del campo, a las vivencias del campesino, sus valores y creencias. En la actualidad se escribe una letra sujeta a una estructura poética que se ha conservado igual a la métrica española. Así encontramos coplas, romances, décimas, glosas y redondillas. Los temas son variados y en ocasiones de doble sentido. Y en cuanto a la conformación musical del joropo central, hablamos del Golpe y la Revuelta, una suite formada por cinco partes: Pasaje, el Yaguazo, la Guabina, la Marisela y la Llamada del Coco. Además, el Golpe que se caracteriza por la libertad de su ejecución. Es un ritmo más rápido y pegajoso.

En cuanto a la vestimenta, cuando los joroperos acudían a una fiesta o evento, el hombre dejaba lucir un pantalón de color variado, así como camisa manga larga o corta de cuadros o unicolor. A veces usaba liquilique de color blanco, crema, negro o gris. También solía utilizar un sombrero y alpargatas. Ahora todo ha cambiado. La mujer se vestía de gala con una falda un poco más abajo de la rodilla, casi siempre amplia, floreada, estampada o unicolor y una blusa ancha o ceñida al cuerpo. También utilizaba vestido completo, se adornaba con collar, pulseras, se maquillaba y como calzado utilizaba alpargatas. Ahora la mujer usa pantalón para bailar. Algunas opinan que la tradición del vestido debe conservarse, apoyarse y defenderse para que no se pierda.

Hoy día, el joropo está tan extendido por el territorio nacional que podemos hablar, aparte del central (Miranda, Aragua, Carabobo y Distrito Capital) y el llanero (Apure, Barinas, Cojedes, Guárico) de joropo guayanés, cordillerano (zona de El Guapo, Barlovento y norte de Guárico), andino, larense y oriental, según los estudios realizados por la investigadora Katrin Lengwinat (2006), quien también ha hecho aportes importantes sobre esta compleja manifestación cultural como lo es el joropo venezolano y, en especial, nuestro Joropo Central.

Nuevos aportes y recomendaciones

Por último, quiero hacer referencia al trabajo paradigmático presentado a principios de 2016 por Gerardo Manuel Roa para optar al grado de Magister Scientiarum en Musicología Latinoamericana por la Universidad Central de Venezuela titulado Caracterización de la revuelta del Joropo Central a partir de la teoría generativa de la música tonal. Calificado como el primer estudio sobre el análisis rítmico de la música de la tradición oral de Venezuela, específicamente del joropo central, a partir de la transcripción de la música de la Revuelta “La pila de agua bendita” del cultor Juan Sanabria, con el apoyo del arpisto Pedro Sanabria.

En este sentido, Roa explica que “el joropo central se ha transmitido de forma oral, es decir, no utilizando la notación musical escrita sino la memoria y la práctica de cultores que han preservado esta tradición en la región centro-norte costera de nuestro país por generaciones. Esta expresión musical es escasamente estudiada y comprendida en el ámbito académico y poco divulgada en la actualidad”. 
Después de realizar un exhaustivo estudio del tema, recomienda finalmente, entre otras cosas: El establecimiento de una institución donde se estudie a profundidad la música del joropo central desde un punto de vista no sólo histórico –tal como se ha venido haciendo con respecto a los usos y costumbres–, sino sistemático, para lo cual la transcripción a partitura se hace indispensable. La prioridad debe ser “el estudio de los sistemas sonoros y la justificación de las leyes que rigen a la armonía, al ritmo y a la melodía”, sin prescindir de la “psicología de la percepción musical y estética o sistema de valoración de los hechos musicales”, aspectos muy desasistidos en el estudio de la música del joropo central. También considera perentoria e impostergable la adecuación técnica, la enseñanza y la aplicación de métodos analíticos basados en sistemas computarizados de la música de tradición oral en las instituciones venezolanas dedicadas a la enseñanza y/o a la investigación musical.

Este breve ensayo solo pretende presentar algunos datos recopilados para dar a conocer a la población en general que ignora la complejidad de esta expresión musical denominada generalmente Joropo Central, aunque con sutiles variaciones locales que demuestran la versatilidad de los artistas dedicados a cultivarlo, promoverlo y conservarlo. Como todo ensayo está abierto a futuras consideraciones, debido a que es poco el material disponible y que pueda servir de soporte para realizar una investigación exhaustiva que permita acercarse de manera conclusiva a la realidad de esta manifestación cultural de suma riqueza y complejidad. 

Texto: Argenis Díaz, escritor venezolano.
Fotos e imágenes: archivo personal.


Fotografía del arpisto Juan Sanabria tomada por Fernando Suárez de Cine Arte Huata, de Zuata, publicada originalmente en el libro La música del Joropo Central: de lo tradicional a la partitura de Pedro Sanabria.


Referencias 

El Joropo. Evolución histórica desde el Barroco hispano hasta nuestros días. Oscar Battaglini Suniaga. 2014.

Primera Ruta del Joropo Central. Tríptico Gobierno Bolivariano de Aragua. 2012

Jornadas de Joropo y Parranda Central. Tríptico de la Gobernación de Aragua. 2008.

Literatura, historia y vida en el joropo central. Magín Rodríguez Pérez. Artículo en Literatura y Cultura. Varios autores. Fondo Editorial Ipasme. 2004.

Caracterización de la revuelta del Joropo Central a partir de la teoría generativa de la música tonal. Trabajo de grado en Musicología Latinoamericana. Gerardo Manuel Roa. 2016.



Baile de Joropo Central con Margarito Aristiguieta.
Foto: Julio Gómez
Arpa central y maracas


Arpisto Juan Sanabria. 
Foto: Fernando Suárez. Cine Arte Huata de Zuata.

Ciro Pimentel, arpisto
Alfredo Sánchez al arpa.

No hay comentarios.: