lunes, 14 de enero de 2019

Carlos José Martínez: Cejota entre lienzos

Este artista plástico y tallista, Carlos José Martínez, conocido como Cejota, nació en Villa de Cura, estado Aragua, el 14 de enero de 1953. Estudió cinco semestres en educación y realizó distintos cursos de Cultura Popular. Estuvo residenciado en Caracas y Choroní. Su mayor trabajo y talento lo desarrolló allí en el propio centro de su inspiración, en el taller que estableció en medio de su pueblo: Villa de Cura. Fue asiduo colaborador de la revista Expresión de Villa de Cura.

Participó en numerosas exposiciones colectivas e individuales desde 1973. 

Exposiciones individuales en las que participó en las décadas del 70 y 80: Instituto Pedagógico de Maracay, 1974; Biblioteca Pública Ezequiel Zamora, 1975; Escuela de Historia UCV, 1978, 1981; Galería La Cayapa, Caracas, 1983; Centro Hispano-Venezolano de Villa de Cura, 1987; y en diferentes galerías de Caracas, 1987 a 1991.

Exposición XII En encuentro, 1991 (Datos del Catálogo XII En encuentro, del 19 al 26 de mayo de 1991. Exposición con motivo del II Reencuentro de Villacuranos donde participó junto a otros pintores: Pedro Lapenta, Benjamín Miró, José Augusto Paradisi, Elías Álvarez, Lópe J. Esaá Martínez, Emiliana Gutiérrez de Nadal, Jesús Ugas Nicorsin, Aly Pérez, Orlando Pulido, Rosilda Rondón Hernández y César David Rodríguez).


Premios

Obtuvo diferentes premios, realizando talleres y cursos nacionales e internacionales. Entre otros: Premio Municipal Salón Feliciano Carvallo, Güigüe Carabobo, 1981; Pintura Popular Salón de Arte de Turmero, 1982; Premio Pintor Aragüeño II Bienal de Artes Visuales Cagua, Aragua 1986; Galería Arte Nacional Salón de Arte Popular Casa Guipuzcoana, 1986; Premio Nacional Fundarte, Caracas 1987.

Reconocimientos

1994. Por su valiosa participación en “Expo Zamora 94”. Con motivo de los 272 Aniversarios de Villa de Cura.

1994. Por su participación en la V Bienal Internacional “Salvador Valero de Arte Popular” Trujillo (Museo de Arte Popular Salvador Valero).

1995. Por su destaca participación como Jurado en el XVI Festival Distrital Folklórico Infantil “Canta Claro”. Villa de Cura.

1995. Participación con la obra: Bolívar mirando las Américas (1982) escogida por el Museo Espacios Unión para su exhibición “Héroes, Mitos y estereotipos”. Caracas – Distrito Federal.

2008. Portador del Patrimonio Cultural Inmaterial del estado Aragua en la categoría Imaginario Popular. Caracas 20 de Octubre de 2008.

En el año 2009 Misión Cultura Corazón Adentro, a través de la Universidad Experimental Nacional Simón Rodríguez, realizó un trabajo audiovisual sobre la obra de Cejota, a cargo de los activadores José Meléndez, Solángel Garrido y Jimmy Barrios; narración de Angélica Llovera.

De su trabajo como artista expresó: “Pertenezco a una generación que se ha dado cuenta de lo dañino de la pérdida de identidad; estamos luchando contra la penetración, que va desde la música hasta la franela. Estamos preservando una pocas islitas autóctonas que nos van quedando. Pinto apegado a las tradiciones sin dejar de ser actual”.
Falleció el 7 de noviembre de 2009. 

Texto: Argenis Díaz

http://www.cejota.com.ve/biografia.html



Cejota y sus sueños de colores 

Por: Inocencio Adames (Chencho)

Y entonces se fue quedando en el sueño por toda la eternidad y en la muerte soñó que llegaba a un día azul como su camisa, como las medias de hilo, como la cortina de colores de la ventana que daba  a la parte de atrás de la casa: fresca y grande, como los días que recordaba en la plaza Miranda (entre música de retretas  y risas, entre miradas a las muchachas florecidas), él muy tímido, perfumado con una loción de flores blancas y una sonrisa que le pulía la  nariz.

Se murió, sí señor, sin que se  lo pelearan entre ángeles y los demonios, sin gente haciendo cola para romper el silencio con murmullos, ni rezos rebotando en las paredes. Soñando, se murió soñando y en los sueños de colores visitó a todos sus amigos de antes y después, los de sueños y de farras, los de tristezas y desfiles, los cómplices en amores y los que no decían ni sí ni no; recorrió las nubes blancas, verdes, azules, rosadas, violetas, amarillas y subió más arriba que el sol y las estrellas, donde están sus pinturas, bailando una salsa, con el calor de un vinillo en la sangre y alguna picardía en  los ojos. 

Se murió el artista, el más grande y universal de los pintores villacuranos, cobijado por mil sonrisas, y sintió cantos de huríes, vientos frescos con rumor de canciones turpialeras, que cuando se muere un pintor como él, el mundo se hace de nuevo y el cielo se llena de fiestas donde todos bailan y cantan, ríen y brindan por la vida, saltan y se sienten niños, como las rondas  de  sus  pinturas.

Se dice también que no anochece ya nunca jamás porque la luz es tanta como la de sus cuadros iluminados en todos los hogares de su pueblo, como las cuerdas brillantes de una guitarra, como la música que no termina, como un amor juvenil, como una eternidad en calma, como un potro que se alebresta, como un cantor que es canción  por  siempre.

Morirse en Villa de Cura, mirando el cerro El Vigía o recordándolo como se recuerda la piel de una mujer (sintiéndola perfumada, recorrida, amada), es entrar al paraíso sin pasar por porterías ni permisos, sin la carga de una indulgencia ni el juicio de haber vivido, es vivir ya (y por fin) sin que otros le calculen a uno la muerte ni los años arrepentidos. Se murió en el sueño soñando cosas de colores. 

Se fue caminando entre los peregrinos y la procesión del Santo Sepulcro y los campos se le hicieron más limpios y verdes y las ciudades más cortas y blancas con mares azules dando canciones en su choque de espuma contra la arena y en la muerte soñada de colores le nació el alma. Y, más allá, cuando cabalgaba un purasangre por encima de las nubes, con un poema de JM entre los dientes y una corona de alegrías en la cinta del sombrero, el soñador muerto (ahora eternamente vivo), se volvió un Reverón y hubo poemas recientes en el aire, palabras renovadas para el pintor cotidiano, el de sus cuadros y sus tallas (para el artista de orfebrería fina) que se hizo libre en su último sueño, tan vivo como una mirada deleitada por el asombro.

Había que verlo sonreír y hablar a los atardeceres y a los primeros soles, repartiendo colores y pájaros, como si cada día fuera una creación del mundo. Y todos lo veíamos por las calles de su Villa, regresando con una sonrisa plena, caminando corto, saludando con la mano, lleno de toda la felicidad del mundo.

Carlos José Martínez, Cejota, ya no se moriría nunca jamás, se olía en esos perfumes de colores. Y en el brillo de sus ojos, en esa forma de mirar como si fuera a convertir las palabras en una bandada de pájaros venidos de otros cielos. Desde la noche de candiles amarillos de Las Tablitas se ve más allá de sus calles una extraña claridad móvil de cocuyos. Si se aguza el oído se escuchará distante una dulce música  llena  de  colores…


http://chenchoadamesdesdeelfondodemialma2.blogspot.com/2011/05/cejota-y-sus-suenos-de-colores.html

Carlos José Martínez, Cejota.

Composición con los cuadros de Cejota.


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