viernes, 12 de noviembre de 2010

Johnny Hernández Calvo frente a la historia local

Argenis Díaz

Cuando se pretende reconstruir la crónica histórica local, a partir de hechos y testimonios, los detalles son importantes. A veces pasan inadvertidos, hasta que alguien con agudeza investigativa los percibe y los convierte en el hilo que viene a darle forma a la urdimbre que revela el entramado de la historia. Ello permite corregir vacíos de conocimiento que muchas veces fueron llenados con proyecciones racionalizadas de la imaginación. Algunos mitos, equívocos y falacias encontramos en el abordaje de la Historia; con más razón en lo que se ha llamado aquí la “microhistoria”; apropiadamente, como también queda dicho: crónica histórica local.
“No perder de vista los detalles”, nos recomienda el cronista y profesor Johnny Hernández Calvo en este trabajo historiográfico que se convierte desde ahora en referencia obligada para conocer de manera más amplia y profunda la historia de Villa de Cura y los iconos que ha reservado la tradición popular a las nuevas generaciones, sean estos de naturaleza religiosa, cultural o patrimonial.
Del entramado de esa pequeña historia, aunque no por ello menos trascendente, de la Casa grande, hoy conocida por todos como “Casa del Santo” o “Casa de Boves”, surge a nuevas luces el nombre de Manuel de los Ríos, fabricante originario y propietario de la Casa, a finales del siglo XVIII. Destaca también el testamento del mencionado personaje como indiscutible fuente documental. Este legado es revelador de hechos que vienen a profundizar en el panorama histórico que nos involucra, despojándolo de falaces intentos deterministas por convertirlo en paisaje estático de nuestra memoria colectiva.
Un ejemplo de la apreciación anterior lo tenemos en el intento de fijar en un año dado el inicio de la procesión pública de la imagen venerada por el pueblo católico villacurano. El indicio es bastante claro: “el Santo Sepulcro es objeto de veneración pública ya en 1818”. Con este dato, queda evidenciada una tradición religiosa bicentenaria, compartida o no por algunos coterráneos que profesan distintas creencias religiosas. De esta manera, el testamento de Manuel de los Ríos, traído a una lectura más precisa, resulta ser una fuente documental primaria para entender detalles del entramado histórico local hasta ahora imperceptibles para quienes se han ocupado de estos menesteres. Asimismo, es relevante en esta extensa crónica con características de ensayo, estrictamente histórico, la presencia en el paisaje espacio-temporal que abarca la investigación de un grupo de familias asentadas en Villa de Cura con posiciones oligárquicas y de eventual dominación que marcan el curso de los hechos. La figura de Ezequiel Zamora es de obligada referencia en este libro, escrito con la laboriosidad de construir una obra para la posteridad.
Sobre estos y otros temas relacionados trata el libro de Johnny Hernández Calvo Villa de Cura. Pasiones, conflictos y juegos de dominación (1790 – 1863), patrocinado por el Concejo Municipal del municipio Zamora del estado Aragua, Venezuela y publicado con el sello de la Editorial Miranda de Villa de Cura (septiembre, 2010) y prologado por el profesor e historiador Carlos Julio Tavera-Marcano. Desde su patria chica, Hernández Calvo nos narra el fruto de una investigación reflexiva para comprender nuestro pasado y las vertientes que alimentan nuestro presente como pueblo.


Sobre el autor
Johnny Hernández Calvo, historiador, cronista, articulista, locutor y productor radial, es villacurano de nacimiento. Realizó sus estudios de secundaria en el Liceo Alberto Smith de la localidad (1967-1972); licenciado en Educación, egresado de la Universidad de los Andes (1979), con una especialidad en Historia Económica y Social de Venezuela, título obtenido de la Universidad José María Vargas (1994); locutor profesional, certificado por la Universidad Central de Venezuela y profesor de postgrado del Instituto Universitario Tecnológico Experimental La Victoria.
Este reconocido académico ha publicado innumerables artículos y ensayos en la prensa regional y local, tiene en su haber dos trabajos editados por la Alcaldía de Zamora: San Luis. Luis IX rey de Francia. Un cruzado en los anales de la historia villacurana, conferencia publicada en octubre de 1997 y El valle de Tocorón en el intento fundacional de la primera ciudad aragüeña (siglo XVI), 1996, en calidad de Cronista Oficial de la ciudad, cargo que dejaría poco tiempo después. Actualmente produce y conduce el espacio  “Vértice Informativo” por la emisora Élite 96.7 FM de Villa de Cura. En otros ámbitos, fue proponente y redactor de la Ordenanza sobre el Ejercicio del Oficio de Cronista de la Ciudad de Villa de Cura, aprobada por la Cámara Municipal y promulgada en junio de 1996; también formó parte de la comisión redactora del anteproyecto de Ordenanza  que crea la Fundación para el Fomento de la Artes y la Cultura del Municipio Zamora (Fundacuzam) en el 2001. Villa de Cura. Pasiones, conflictos y juegos de dominación (1790-1863) es su más reciente obra de investigación histórica y se constituye en un significativo aporte a los anales de la historia local de la capital del municipio Zamora del estado Aragua, Venezuela. (11/11/2010). 

jueves, 11 de noviembre de 2010

Emergencia Cultural en Villa de Cura

Argenis Díaz

Quiero celebrar, en primer lugar, el hecho de que un medio de comunicación de reconocido impacto en el colectivo aragüeño se haya hecho eco de una denuncia que proviene de un sector tan golpeado y marginado como lo es el colectivo cultural del municipio Zamora, y no sólo de Villa de Cura.
El licenciado José Meléndez, a quien conozco y respeto, se convierte en vocero de los cultores del municipio Zamora para poner en el tapete de la opinión pública una situación que el cultor zamorano (sin distingo de color político o condición social) viene sufriendo desde hace unas décadas: “la mirada indolente de las autoridades”, la desidia oficial, la falta de inversión social en materia cultural, la ausencia de políticas culturales, la negación a crear instrumentos jurídicos (ordenanzas) que amarren el compromiso del Gobierno Municipal con el colectivo cultural zamorano y para colmo de males el afán destructivo de quienes no se identifican con el patrimonio (acervo) cultural local.
Cierto, “huérfana e indefensa” continúa la Atenas de Aragua, como lo dijo una vez Vinicio Jaén Landa y lo secundó años después Ana Belén Aular, como lo puede asegurar José Manuel Morgado; como la pintó Carlos José Martínez, antes de dejar su pincel recostado al cerro El Vigía. Antes de todos ellos lo dijo el poeta Aníbal Paradisi, como se intuye en un verso del poeta Pablo Cabrera.
La “decadencia” se evidencia en la condición ruinosa en que se encuentra la Casa de la Cultura Rafael Bolívar Coronado, llamado por el profesor Henry Hernández “la Casa de Frankestein”. ¿Dónde está el prometido “Complejo Cultural” para dar cobijo a todas las manifestaciones culturales de nuestro pueblo? Si no tenemos una casa de la cultura digna, ¿Cómo aspirar a que tengan sede propia el Teatro Estable de Villa de Cura, Los Turpiales de Aragua y otras instituciones culturales? La lista de agrupaciones e instituciones mencionadas por Meléndez es larga, pasando por referentes emblemáticos como Danzas Caribai, la Escuela de Música Ángel Briceño, la Coral Carlos Bonett y los ya nombrados, entre otros de más corta edad y trayectoria, pero igual de importantes para el colectivo cultural zamorano.
Todo eso esta bien, pero algo se quedó en el camino, cosas que hay que decidir. El Fondo Editorial Rafael Bolívar Coronado no funciona desde mediado de la década del 80; tenemos una Ordenanza de Cultura pendiente desde el año 2001 (con propuesta de reforma en el 2009). Falta aclarar lo del epónimo del Museo de la Tradición. Recientemente fue nombrado Juan Bautista Alayón como director del museo. ¿Cuál: El Museo Inocencio Utrera o el Museo Giuseppe Girlando? Eso no se ha decidido. Patrimonio Cultural de Aragua no se ha pronunciado al respecto. El colectivo cultural y la comunidad zamorana siguen esperando decisiones políticas que no podrán ser eludidas para siempre.
Creo que un punto álgido es la aprobación y promulgación de la ordenanza de cultura, sin ella no hay presupuesto ni política cultural en el municipio, mucho menos direccionalidad en el quehacer cultural. La activación de los comités de cultura de los consejos comunales o comunas, los voceros del Consejo Local de Planificación Pública del municipio Zamora. Hay proyectos presentados por agrupaciones que pretender ser rechazados por decisiones distintas al colectivo cultural, de ocultos enemigos de la cultura.
Por todas estas razones comprenso los pronunciamientos del licenciado José Meléndez y añado los aquí planteados. La decisión la tienen los llamados entes del Estado, llámense: Alcaldía del municipio Zamora, Concejo Municipal de Zamora, Consejo Local de Planificación Pública del municipio Zamora, Consejo Municipal de Cultura. La cultura debe ser problema de todos. (23/05/2010).

viernes, 29 de octubre de 2010

Letranías: Pequeña América

Cuando miro la forma
de América en el mapa,
amor, a ti te veo:
las alturas del cobre en tu cabeza,
tus pechos, trigo y nieve,
tu cintura delgada,
veloces ríos que palpitan, dulces
colinas y praderas
y en el frío del sur tus pies terminan
su geografía de oro duplicado.


Fragmento...

Pablo Neruda

De "Los versos del Capitán".



















Letranías: Pequeña América

lunes, 25 de octubre de 2010

Los Petroglifos de Villa de Cura y culturas indígenas

En los predios adyacentes a Villa de Cura se han encontrado varios sitios con petroglifos, llamados comúnmente “piedras pintadas”. Los indios Tamanaco los llamaban “tepu-mereme” ; los caribe “timerí” y los baniba “ippaianata”. Datos registrados por el primer cronista de Villa de Cura, doctor Luis José Acosta Rodríguez (1917-1986) y por el profesor Oldman Botello, ex cronista de esta misma ciudad, indican que estos hallazgos están situados en los sectores de El Chino, El Carmen, Tucutunemo, El Cortijo, Múcura y en un sitio llamado La Vega, al sur de la ciudad por un camino vecinal que conduce al río Guárico, Tierra Blanca. Puesto que el nombre Cura es de ancestro aborigen, se cree que los petroglifos fueron ejecutados por tribus Caribe- cumanagoto y Arahuacos. El testimonio fotográfico de estas piedras se lo debemos a Giuseppe  Girlando, cronista gráfico de Villa de Cura.
Los petroglifos son piedras sobre las que se han tallado motivos figurativos y simbólicos. Son característicos de las culturas ágrafas y, en general, parece que desempeñaban un cometido conmemorativo, indicativo y, en ocasiones, ritual. Su difusión por todo el mundo es enorme y sus temas muy variados que oscilaban entre los esquemas geométricos (círculos, espirales) y los figurativos (animales, figuras humanas). En América también alcanzaron un gran desarrollo, que se extendió desde los motivos sencillos que se han hallado en cuevas y abrigos rocosos hasta los enormes y complejos dibujos totémicos grabados en las llanuras de Nazca, en la costa sur del Perú. Su significado sigue siendo tema de debate entre los investigadores. 
Venezuela es un país relativamente rico en petroglifos. Se cree que hay alrededor de 1.000 piedras grabadas y 5.000 glifos distribuidos en 200 estaciones (Delgado Rafael, 1976), los expertos dividen el territorio en dos grandes zonas: Norte y Sur. En la vertiente sur, la zona más densa en glifos es la comprendida entre Barquisimeto y La Victoria, incluidos los de Vigirima, Montalbán y Chirgua. Todos los glifos (dibujos) representan animales, plantas, cosas o marcas simbólicas de algunos grupos indígenas.
El objetivo de los petroglifos era muy variado. Algunos, se cree, fueron utilizados como marca de propiedad de personas o grupos, como límite de comarca de un grupo lingüístico de varias tribus, como monumentos funerarios o religiosos, como relato de hechos históricos o hechos sexuales (tema muy generalizado, según Delgado). La edad más confiable de estos glifos es de 2.000 años, aunque otros asocian los petroglifos a una supuesta edad de piedra. Algunos evolucionistas asignan edades arbitrarias a las herramientas e instrumentos de piedra, basándose en el llamado reloj de Carbono 14, edades que han sido seriamente cuestionadas por los científicos debido a la variabilidad del contenido de carbono 14 en las rocas.
Los petroglifos son prueba de la existencia de culturas indígenas antes de la llegada de los europeos al continente americano. La prueba histórica indica que las creencias religiosas y sociales de los indígenas fueron sistemáticamente destruidas bajo la premisa de que “todo lo indio era malo”. Algunos de los petroglifos fueron destruidos por miedo o superstición de los colonizadores. También es curiosa la existencia de cruces precolombinas entre los dibujos encontrados en las piedras, lo que indica un origen más antiguo del signo de la cruz “cristiana”. Sin embargo, el rito de la “cruz verde” fue impuesta por los frailes a los indígenas, así como sus costumbres: “Mandaban clavar en un otero (cerro) una cruz de madera, y establecían que esa cruz debía estar verde, es decir, envuelta en plantas recién cortadas” (Delgado, 1976).
La existencia de petroglifos demuestra el deseo del ser humano de expresarse utilizando las herramientas que podían construir con materiales a su alcance, fueran piedras o metales. Es interesante que existan grabados y pinturas rupestres en por lo menos 120 países, de África, América, Asia, Europa y Oceanía.
Finalmente, la existencia de petroglifos en los predios adyacentes a Villa de Cura revela la existencia de habitantes indígenas en el valle de Cura antes de la instauración del núcleo poblador que dio origen al proceso fundacional que inició don Juan de Bolívar y Villegas en 1717 y que estos grupos humanos (no míticos seres prehistóricos) fueron desplazados por los colonizadores en época muy temprana. 

Argenis Díaz
Petroglifo







viernes, 15 de octubre de 2010

El libro como instrumento de cultura

El libro como instrumento de cultura
El acto de leer casi siempre lo asociamos con un libro, aunque hay muchos objetos de lectura: una revista, el periódico, las paredes, las vallas, la pantalla del computador, todo ello está condicionado, claro está, a la escritura. Milenios atrás, los humanos usaron plantas como el papiro para fabricar un papel sobre el cual plasmar sus ideas, conceptos del mundo que los rodeaba. También utilizaron la piel de algunos animales para elaborar el pergamino, mucho más duradero que el papiro. Las piedras sirvieron a algunas civilizaciones para conservar algún tipo de escritura representativa, tales como los petroglifos. Pero ya sabe lo difícil que es poder llevarlos a casa o a cualquier otro lugar.
El libro de hojas es más práctico, incluso que los rollos usados antes de nuestra era. En el siglo I comenzó un largo proceso tendente a sustituir los incómodos rollos por los llamados códices, antecedentes directos de los actuales libros. Para el siglo IV, no solo los rollos sino también el papiro habían desaparecido como soporte de la escritura. Aquello tal vez fue providencial, los cristianos de aquel tiempo utilizaron el códice como medio eficaz de difundir su fe y de estudiar los santos escritos.
Otro dato interesante es que la palabra códice proviene del latín caudex y originalmente quería decir “tronco de árbol”. Luego se aplicó a las tablillas de madera que se usaban para escribir después de haber sido untadas con cera. Con el tiempo los romanos empezaron a usar pergamino en vez de madera y lo llamaron membranae. Con el cambio de material para escribir, progresó rápidamente el desarrollo del códice. De hecho, la palabra códice forma parte del título de muchos manuscritos antiguos, en especial de muchas copias de libros de la Biblia.
Hace varios siglos, los libros no abundaban tanto como hoy en día y eran muy costosos; se realizaban, por lo general, por encargo de una pequeñísima parte de la población que sabía leer y que, además, podía sufragar sus gastos de producción. Hoy debemos apreciar los libros y considerarlos un verdadero instrumento de cultura. La lectura de los buenos libros puede ser una ventana al conocimiento de nuestra historia, nuestra literatura y del entorno social donde vivimos.
Argenis Díaz, 23 de abril de 2010.

martes, 28 de septiembre de 2010

Libros: Sistema Nacional de Imprentas - publicaciones masivas


Crónica de la ley de cultura

Crónica de la ley orgánica de cultura

Argenis Díaz

Según la exposición de motivos del proyecto de Ley Orgánica de Cultura presentado a la Asamblea Nacional en junio de 2005, los antecedentes de ese instrumento jurídico se remontan a lo que se llamó el I Foro-Encuentro titulado “Cultura y Proceso Constituyente, hacia el Gran Encuentro Nacional” que se realizó el 20 de agosto de 1999 en la UCV y que tenía como objetivo continuar con la recopilación de propuestas del ámbito cultural para la Asamblea Nacional Constituyente y abrir las expectativas para el evento nacional previsto. La primera fase del gran encuentro nacional se realizó en Barquisimeto (Lara) el 11 de septiembre de ese mismo año y en los meses siguientes continuó el diálogo permanente con todos los entes y personas involucradas en la materia. De tales encuentros y mesas de diálogo surgió la necesidad de elaborar una ley orgánica para la cultura y a la vez crear un Ministerio de Cultura.

La Asamblea Nacional, a través de la Subcomisión de Cultura y Patrimonio Histórico, dio continuidad a esta línea de trabajo, promoviendo la participación ciudadana, organizando jornadas de discusión que se llevaron a cabo en el año 2000. El año siguiente comienza el recorrido por varios estados del país, incluyendo el estado Aragua, donde se va a dar un debate interesante, a partir del 17 de agosto de 2001. En esa fecha, la Comisión Permanente de Educación, Cultura, Deporte y Recreación de la Asamblea Nacional, por medio de la Subcomisión de Cultura, presidida por la diputada María Milagros Santana, conjuntamente con la comisión correspondiente del Consejo Legislativo del Estado Aragua, presidida por la diputada Fanny García, convoca al primer seminario para la discusión del proyecto de Ley de Cultura y el cronograma para la discusión se dio a partir del 1º de septiembre de 2001; para facilitar la tarea se dividió el estado en cuatro ejes, cada uno de los cuales reunió a los cultores, creadores docentes y toda persona interesada en el tema para que cada quien diese los aportes, ideas y sugerencias en torno a las propuestas de ley. En efecto, fueron presentados dos anteproyectos: el de la diputada Milagros Santana, contentiva de 51 artículos y la del Conac con 144 artículos.

Hay que dar crédito al hecho de que se elaboró un cuadro comparativo con ambas propuestas por parte de José Agapito Hernández, asesor técnico de la mencionada comisión de la Asamblea Nacional, lo cual le dio agilidad a la discusión planteada. Cabe referir también que las propuestas contenían una cuestión de honor: la eliminación o continuidad del Conac como ente rector de la cultura. Por supuesto, el proyecto de la diputada Santana propuso la derogación del Conac y la creación del Ministerio de Cultura, y adscritos a éste la conformación del Consejo Federal de Cultura y los consejos estadales y municipales de cultura. El 24 de septiembre de 2001 en los espacios de Colegio Legislativo de Aragua, Edwards Castillo presentó las propuestas con las correcciones sugeridas por la mesa de trabajo, las cuales fueron incorporadas a un anteproyecto llamado por algunos “la propuesta de Aragua para la Ley de Cultura” que fue remitido a la Asamblea Nacional.

Cando vemos el proyecto de Ley Orgánica de Cultura (55 artículos) presentado el 7 de junio de 2005, constatamos que la propuesta del Conac fue rechaza casi en su totalidad y preconizó así la muerte del ahora extinto ente rector; más tarde se materializa la creación del Ministerio de la Cultura. También se mantiene la idea de conformar el Consejo Federal de la Cultura y los consejos estadales y municipales respectivos.

Con la visita del ministro Francisco Sesto a Maracay el viernes 27 de agosto de 2010, a nueve años de presentada la propuesta en Aragua para la discusión colectiva, todavía falta camino por recorrer. Aclaró el ministro que hasta ahora la Asamblea Nacional ha recibido cinco proyectos de ley de cultura, pero casi todos muy extensos y detallados, lo cual no está acorde con los lineamientos de lo que sería una ley orgánica de cultura, la cual debe proveer un marco bastante general que permita dar líneas gruesas de política cultural que serían desarrolladas en leyes especiales.

Aseguró el ministro que lo que se quiere en una ley principista, un modelo sencillo que recoja además el sentir de las comunidades mediante una participación abierta, que se vean representados todos los cultores, creadores o trabajadores de la cultura. En declaraciones anteriores también ha dicho que se está preparando una nueva propuesta de ley de gestión pública de la cultura en los próximos meses.

Ciertamente los cultores de Aragua han sido los primeros interesados en la aprobación de una ley orgánica de cultura que responda a las necesidades del sector. Hemos andado en esto por más de diez años, participando en reuniones, mesas de trabajo y foros sobre la ley. Cinco propuestas - siguiendo las palabras del ministro - son más que evidencia del interés general en este tema… y vamos para la sexta.

En todo caso la visita del ministro Sesto fue estimulante para los cultores en general, pero se dieron cuenta de que los problemas deben ser planteados a las instancias correspondientes. Una forma de canalizar sería a través del Consejo Estadal de Cultura que esta integrado por el Gabinete regional (especie de brazo del Ministerio), la Secretaría Sectorial de Cultura, direcciones o coordinaciones de cultura municipales y los consejos comunales. De nuevo Aragua da un paso adelante con la creación del Consejo Estadal de Cultura y los consejos municipales, como el del municipio Ribas, donde ya está formado y en el municipio Girardot. Se trata de darle coherencia a la Acción Cultural. ¿Hasta qué grado entendemos esto los propios cultores, voceros, activadores, operadores de la cultura, sin dejar de lado a los directores o coordinadores culturales de los municipios? Esperamos que sea la mayoría. Las autoridades parecen decir que, “por ahora”, la Ley Orgánica de Cultura puede esperar a un mayor consenso.

sábado, 3 de abril de 2010

Crónica del Museo Inocencio Utrera

El trabajo de restauración de las piezas originales del Museo de la Tradición Inocencio Utrera de Villa de Cura comenzó el 5 de mayo de 2008. Aunque el contrato con la Alcaldía se había cumplido el 27 de junio, la labor continuó hasta su culminación gracias al empeño del artesano Rolando Porras y al equipo que le acompañó. Ellos fueron: Tibisay Díaz de Oropeza, asistente principal, Luis y Margarita Barrios y Rannyer Oropeza, quienes se comprometieron con esta abnegada labor. Antes de eso, la Municipalidad había adquirido una muy bien conservada casa de estilo colonial ubicada en el cruce de las calles Miranda y Dr. Rangel; precisamente con miras a que funcionarán allí tanto la Biblioteca Pública Ezequiel Zamora como el mismo museo.
Por más de una década, aquellos objetos cargados de historia lugareña estuvieron almacenados en los galpones de una empresa ubicada en la carretera Cagua-Villa de Cura. De manera que esta restauración constituye el pago de una deuda al colectivo cultural zamorano, adquirida por el Gobierno Municipal una vez despojado el museo y la biblioteca de su antigua sede ubicada en la avenida Bolívar, Este, a pocos metros de la plaza Bolívar y Villegas.
El museo de la tradición fue fundado el 9 de abril de 1976.y se inició con algunos objetos donados por uno de sus fundadores o “donante piloto”, don Inocencio Utrera, un ilustre maestro, músico y barbero villacurano. Contó, además, con el apoyo del entonces presidente del Ayuntamiento, Omar Espinoza; así se constituyó en el primero y único en su clase en todo el país. Desde el principio asumió el cargo de fundador y director del museo el cronista gráfico Giuseppe Girlando y como su asistente el conocido coleccionista de antigüedades Elio Martínez. El museo, “auténtico libro de historia local” estuvo en su sede en la avenida Bolívar hasta agosto o septiembre de 1995, ya que poco tiempo después comenzó a funcionar en aquella casona un instituto educativo privado que ahora ostenta el nombre del Capitán Juan de Dios Agraz.
Esto quiere decir que por unos trece años las 286 piezas originales del Museo de la Tradición Inocencio Utrera quedaron regadas en varios lugares, la mayoría en el galpón de una empresa propiedad de Adrián Hernández. Desde entonces, diferentes individualidades y grupos culturales de la localidad habían solicitado en reiteradas ocasiones el rescate del museo como parte fundamental de la memoria histórica de Villa de Cura. Le tocaba a la Municipalidad esta tarea de reinstaurar de manera tangible lo que ya existía en la conciencia colectiva del villacurano y de todo habitante del municipio Zamora del estado Aragua.
La labor de restauración reveló que por lo menos 73 de las piezas originales se habían perdido o dañado de forma irreversible. Todo ello fue compensado con la donación de nuevos objetos hasta lograr acumular en la actualidad más de 450 piezas de interés histórico local, según Girlando (2008). Sin embargo, la crónica del museo de la tradición trae bemoles que causan inquietud en la conciencia del colectivo zamorano.
Una semana antes de la esperada reinauguración del museo, el alcalde Stefano Mangione, a través de la Casa de la Cultura Rafael Bolívar Coronado, bajo la dirección del profesor Ramón Medina, hizo girar una invitación en la que anunciaba “la inauguración del Museo Giuseppe Girlando y de la Biblioteca Pública Ezequiel Zamora”. El texto mismo de la tarjeta generó una inevitable reacción al hecho de que, a todas luces, se le había cambiado el epónimo que por dos décadas exhibió el museo de la tradición de Villa de Cura, echando por tierra lo que presumimos fue la intención original de los fundadores.
Pocas horas antes de la anunciada “inauguración”, fue consignada en el despacho del Alcalde una carta firmada por varias personas ligadas al sector cultural del municipio, en la cual se solicitaba una aclaratoria y una reconsideración de la decisión tomada en torno al museo villacurano. En el mismo acto, realizado el lunes 20 de octubre de 2008, a partir de las 2:00 pm, también le fue entregada al mismo alcalde Mangione una “carta abierta” remitida por el ex cronista, profesor Johnny Hernández Calvo, en relación con el mismo acto ejecutivo.
En su intervención previa a la apertura al público del museo, el Alcalde acusó a los remitentes de las misivas de tener oscuros intereses políticos, desestimó el contenido de las cartas y hasta puso en duda lo apropiado de que el municipio llevara el epónimo de (Ezequiel) Zamora, quien según la apreciación personal del burgomaestre “no hizo nada por Villa de Cura”. Una cosa quedó clara para el ciudadano Alcalde: quienes firmaron la carta no tenían nada en contra de Giuseppe Girlando, sino que abrigaban dudas sobre la legalidad de cambiar el epónimo a una institución, patrimonio cultural, que hasta ese momento era conocida en los ámbitos nacionales como “Museo de la Tradición Inocencio Utrera”, aun desconociendo que el museo había dejado de tener sede propia y de que sus piezas originales estuvieron ocultas a la vista del público por poco más de una década. Después de colocada la placa con el nuevo nombre, el 22 de octubre de 2008 en el Primer Encuentro Cultural Comunitario realizado en la Cancha de Las Mercedes, Villa de Cura, el colectivo presente incluyó dentro de las tareas a cumplir el “Rescate del Nombre del Museo Inocencio Utrera”. Se invoca así el apoyo de la colectividad zamorana.
Luego se sumaron voluntades para remitir una carta al ministro de cultura Héctor Soto y así ponerlo al tanto de la decisión ejecutiva del Alcalde y solicitar una averiguación sobre la conveniencia o inconveniencia legal del cambio de epónimo en una comunidad preocupada por su memoria histórica-cultural. No en balde el museo villacurano está inscrito en la Red de Museo de Venezuela bajo el nombre de Inocencio Utrera. La carta fue consignada en el despacho del ministro Soto el 7 de enero de 2009, a las 8:05 am.
Por último, con fecha 24 de agosto de 2009, a las 2:10 pm fue consignada en la oficina regional del Gabinete de Cultura y Patrimonio Cultural otra misiva firmada por promotores y cultores del municipio Zamora. Esta vez se solicitó la injerencia del Instituto de Patrimonio Cultural y su pronunciamiento en torno a la situación del Museo de la Tradición Inocencio Utrera y el manejo del doble epónimo para una sola institución. Lo anterior no quiere decir que no se apoye la apertura del museo ni las actividades que se han realizado en esos espacios. Desde la dirección del mismo Giuseppe Girlando y de Valentina Castro hasta la actual dirección de Juan Bautista Alayón (Loco Lindo) que comenzó en este año 2010. Informes recientes indican que se desea formar una Asociación Amigos del Museo de la Tradición Inocencio Utrera y se quiere retomar la historia local desde los objetos del mismo museo. Detrás de esta idea están personas de reconocida solvencia moral, como son: Johnny Hernández Calvo, Marita Poleo, Haideé Rodríguez, Cecil González, Javier Herrera, Oscar Sánchez, entre otros. Queda en manos del Concejo Municipal de Zamora solucionar lo del epónimo y lo del presupuesto necesario para darle operatividad a la institución.
Por último, que le coloquen la placa con el epónimo que le corresponde: Don Inocencio Utrera.


martes, 16 de marzo de 2010

Poetas de Villa de Cura

Villa de Cura, ciudad perteneciente al Municipio Zamora del estado Aragua, es cuna de escritores, poetas, narradores y cronistas que han dado realce a su tiera natal. Entre ellos tenemos a cronistas de la talla de Oldman Botello, Johnny Hernández Calvo y otros; poetas como Jose Manuel Morgado, Aly Pérez (fallecido), Argenis Díaz, Víctor Parra, Ingrid Chicote, Rosana Hernández, entre otros; narradores como Kristel Guirado, el mismo Víctor Parra y otros más. Algunos de ellos han publicado obras y textos en la prensa regional.