domingo, 5 de junio de 2016

José Manuel Morgado desde su escritura (autobiografía)



Mi nombre de pila es José Manuel Morgado, hijo de Martín Adames Barrios y María Eugenia Morgado Zamora. Nací el 8 de agosto de 1924, día viernes, a las ocho de la mañana; día lluvioso, en el sector “El Pozote” (Puente Hierro), Villa de Cura, estado Aragua. Antes de los dos años, mis padres me llevan a  “Tocorón”, que así se llamaba un potrero grande de mucho pasto y árboles inmensos, parecía mejor un bosque. Mi papá tenía una especie de tarantín (bodeguita pobre) para venderle a los peones que atendían el ganado que tenía allí el general Juan Vicente Gómez. (Hoy en día Tocorón es un caserío poblado con una buena vía que lo comunica con los llanos y el centro del país. Además es asiento de un penal que lleva el mismo nombre del caserío. Ya es casi pueblo). De Tocorón mis padres se mudan al sitio conocido como La Huérfana, con la misma actividad de la cría de ganado, pero sin la categoría en su aspecto de vegetación y arboleda que tenía Tocorón.
Tiempo después regresamos a Villa de Cura, nuestra tierra natal, y ocupamos la casona de la calle Curita (Páez), propiedad de Elisio Adames, mi abuelo, acompañados de la abuela Josefita, mi tía Ana Josefa y su esposo Justo Aguilar, mis tíos Antonio e Inocencio, Carmen y Trina, criadas por la abuela. En esa casona se va buena parte de mi infancia hasta que una crecida del río Curita nos obliga a trasladarnos a una vieja casa y después a una modesta casa de ladrillo al lado de la buena casa de la familia Hernández Pérez. Me crié con mi tía Ana Josefa, aunque siempre iba a la solariega casa de El Pozote, frente a la placita Ayacucho, a pedirle la bendición a mis padres: el “viejo Martín” y  “Mama Ua...” Soy el mayor de seis hermanos, tres hembras y tres varones.
A los nueve años (1933) aprendo lo elemental en una escuela regentada por la señorita Sofía Rodríguez de la Rosa y pasó después a la escuela para varones “Arístides Rojas”, paso a segundo grado, pocos meses después a tercer grado. Allí comienza mi afición por la lectura de novelas, libros de poesía y comienzo a interesarme en la actividad literaria. Ya en quinto grado me comienzan a llamar “el literato de la Arístides Rojas”.
Desde las aulas de la antigua escuela Arístides Rojas, dirigida entonces por el educador Sady Rodríguez, comienzo una incipiente labor periodística y como humorista. Allí colaboro con el periódico “El Villacurano”, el cual vendíamos en las calles de Villa de Cura por una “locha” (12 céntimos y medio de bolívar). Por mi cuenta, edito “El Villano” (1941), con la coletilla: “derivado de Villa por si acaso”, un periódico escrito a máquina donde se destacan esos primeros elementos de humor y sátira que irán marcando mi obra humorística que se revela con la edición de El Cotejo Mocho, después de la caída de Pérez Jiménez (1958). En la publicación de este periódico sin rabo, como lo llamo, colaboran conmigo Pedro Ezequiel González y Víctor Hernández Ramos, ya fallecidos; este periodiquito tamaño octavo lleva a cuestas 48 años de vida tratando de que los villacuranos sonrían en medio de la amargura presente o pasada.
Después de salir de la Primaria, y por no haber liceos en Villa de Cura, me quedo con mi tío Inocencio Adames Barrios, aprendiendo el oficio en la tipografía “Editorial Miranda”, en 1945. Luego me independizo y monto un modestísimo taller de tipografía. Recuerdo que en 1946 una comisión del partido comunista de Venezuela (PCV) habla conmigo y me expresan que quieren que yo ocupe el cargo de secretario de la Junta Electoral de Los Bagres. Yo no era militante comunista, pero desde niño me había identificado con la doctrina de Marx y Lenin. Después de conseguir el consentimiento de mi tío con quien trabajaba, aunque con cierto desgano de éste, acepto el cargo. El presidente de la Junta era un campesino del caserío La Virginia, sector El Carmen, vía San Juan de los Morros; querían que yo fuera el secretario porque consideraban que tenía algo de preparación para el cargo.
Terminado el proceso electoral, resuelvo ver si consigo donde trabajar, ganando algo más de lo que me pagaba mi tío. Necesitaba ayudar a mi madre pobre y mejorar mi situación económica. Así, trabajo un tiempo con Juan Pablo Álvarez, haciendo algunas cosas en una alpargatería de su propiedad, pero no es lo mío. A mediados de 1947, mi tío me propone poner, con capital de él, un pequeño taller tipográfico en Turmero, yo voy como socio industrial. Se monta el tallercito. El 1948 ya estoy instalado en Turmero, al tiempo que derrocan, en noviembre de ese año, el gobierno de Rómulo Gallegos, gran novelista, pero incapaz de hacerle frente a la conjura en su contra. Al poco tiempo, me informa mi tío que J. L. Sanabria Méndez le está buscando comprador al tallercito. Así que lo propongo comprárselo, pero para pagarlo en giros mensuales, y aceptó. A partir de esa fecha comienzo a trabajar por mi cuenta.
En 1953 comienzo a fundar, junto a Elena Oropeza, una nutrida familia integrada además  por mis hijos: Bladimir, el mayor de los varones, Miguel, Oscar, Yadira, Ivanova, Beryeni y Bersi Flor. Para ese tiempo, ya estoy metido en la “candela” socialista y sufro algunos contratiempos en mi trabajo por mi condición de comunista. Con el arribo al poder de Betancourt se arrecia la represión contra el PCV, se sucede la lucha guerrillera en el país y los sucesivos gobiernos adecos siguen el mismo patrón de Betancourt. Hay muchos desaparecidos, entre ellos Ramón y Andrés Pasquier. Este último es para mí un hermano y nos une más la identificación en los ideales marxistas.
En 1960 paso unos días preso junto a Carlos Freites, un camarada, en un calabozo del pueblo. Al salir me voy a Calabozo, estado Guárico, a trabajar con un hermano, me llevo para allá el tallercito de tipografía y lo anexo al suyo. Al año mi tío me dice que tiene un taller en la población de El Sombrero que lo va a pasar a Maracay y que si quiero que ocupe ese local. En septiembre de 1964 ya estoy en el pueblito atendiendo su taller mientras se lo lleva, luego me quedo allá los siguientes veintiún años.
Regreso a Villa de Cura en 1985 y me instalo en el barrio Las Mercedes donde habito con cinco de mis hijos, tres varones y dos hembras. Miguel estudia música y da clases, Bladimir, el mayor, se graduó de ingeniero agrónomo. En 1987 decidimos buscar un local más céntrico para instalar el taller y lo logramos. Desde ese año el taller de tipografía funciona en la calle Páez, número tres, oeste. Mi hijo Miguel termina de aprender el oficio de tipógrafo, mejoramos el taller y allí trabajamos juntos hasta el año 2003, cuando me retiro. Como verá, desde 1948 trabajo sin alquilarme a nadie. He vivido con lo necesario para ello, ni más ni menos, a veces menos.
Durante los años ha florecido, por mi dedicación a ella, mi poesía, iniciada cuando era alumno de la escuela Arístides Rojas. Tengo muchas cosas publicadas y una inmensa cantidad de cosas inéditas, conocidas algunas por mis amigos más allegados que aman la poesía. Grabada también en muchos casetes, dicha por mí y por algunos amigos, entre quienes destaca Teobaldo Parra, mi buen amigo, ya fallecido. Me quedan muchos recuerdos de esos años de la infancia, recuerdo a Yolanda Paradisi, al bachiller Rodríguez, quienes de alguna manera orientaron mi creación poética; éste último, poeta, compositor y bohemio. Rememoro también a Hugo Oliveros, cuya vida y obra fue dispersa: sus poemas recogidos muy pocos de ellos en un modesto folleto resumen el fruto de un poeta oscuro y siempre bohemio y beodo. Vinicio Jaén, quien como yo tuvo la amistad de Aquiles Nazoa.
La más pura manifestación del hombre, porque lo involucra en los buenos sentimientos ajenos, es la poesía.  Yo pertenezco a la escuela de Aquiles, quien, cuando aún no había cumplido los veinte años y sus brazos la parecía ‘las ramas de un añoso ciprés’, comienza a comprometer su poesía con la gente sencilla y empieza a nacer su credo en el ‘gran poder’ del pueblo.
He sido feliz sin poseer fortuna, salvo la que no se adquiere sino con sentimiento y educación: mi poesía, que, sin alarde, expreso que se reverdece cada día de mi marcha hacia el poniente.

José Manuel Morgado/ 2007.

Nota: después fue mucho lo que escribió el poeta Morgado hasta su fallecimiento el 4 de junio de 2016. Lo velamos en la funeraria San Luis Rey de Villa de Cura, avenida Paradisi. Algunos de sus amigos que estuvieron allí: Elio Martínez, Oscar Carrasquel, Víctor Parra, César Acosta, Argenis Díaz, Ingrid Chicote, Ahitza Álvarez, entre otros y otras. Fue cremado en Charallave, el día domingo 5 de junio de 2016. (Argenis Día).

 
José Manuel Morgado