viernes, 15 de octubre de 2010

El libro como instrumento de cultura

El libro como instrumento de cultura
El acto de leer casi siempre lo asociamos con un libro, aunque hay muchos objetos de lectura: una revista, el periódico, las paredes, las vallas, la pantalla del computador, todo ello está condicionado, claro está, a la escritura. Milenios atrás, los humanos usaron plantas como el papiro para fabricar un papel sobre el cual plasmar sus ideas, conceptos del mundo que los rodeaba. También utilizaron la piel de algunos animales para elaborar el pergamino, mucho más duradero que el papiro. Las piedras sirvieron a algunas civilizaciones para conservar algún tipo de escritura representativa, tales como los petroglifos. Pero ya sabe lo difícil que es poder llevarlos a casa o a cualquier otro lugar.
El libro de hojas es más práctico, incluso que los rollos usados antes de nuestra era. En el siglo I comenzó un largo proceso tendente a sustituir los incómodos rollos por los llamados códices, antecedentes directos de los actuales libros. Para el siglo IV, no solo los rollos sino también el papiro habían desaparecido como soporte de la escritura. Aquello tal vez fue providencial, los cristianos de aquel tiempo utilizaron el códice como medio eficaz de difundir su fe y de estudiar los santos escritos.
Otro dato interesante es que la palabra códice proviene del latín caudex y originalmente quería decir “tronco de árbol”. Luego se aplicó a las tablillas de madera que se usaban para escribir después de haber sido untadas con cera. Con el tiempo los romanos empezaron a usar pergamino en vez de madera y lo llamaron membranae. Con el cambio de material para escribir, progresó rápidamente el desarrollo del códice. De hecho, la palabra códice forma parte del título de muchos manuscritos antiguos, en especial de muchas copias de libros de la Biblia.
Hace varios siglos, los libros no abundaban tanto como hoy en día y eran muy costosos; se realizaban, por lo general, por encargo de una pequeñísima parte de la población que sabía leer y que, además, podía sufragar sus gastos de producción. Hoy debemos apreciar los libros y considerarlos un verdadero instrumento de cultura. La lectura de los buenos libros puede ser una ventana al conocimiento de nuestra historia, nuestra literatura y del entorno social donde vivimos.
Argenis Díaz, 23 de abril de 2010.

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