jueves, 15 de agosto de 2019

La señorita Caridad Villasana

A mis queridas hermanas Cathy, Belkis, Griselda y Belinda, educadoras, como ella.

Inocencio Chencho Adames Aponte

No fui su alumno de primer grado, pero cómo me habría gustado serlo. Me hubiera enseñado los números y las letras. Con ella, de la mano, recorrería los primeros mapas. Con su voz de contadora de historias, me hubiera abierto las puertas del hechizo. Es que la cartilla era ella, vocálica, mimadora (‘’mi mamá me mima’’). Los primeros asomos del encanto.

Tenía la voz del río. Era pájaro. Y cielo. Papagayo. A veces se paraba en una nube. Y cantaba. Canciones simples para adorar vírgenes de mayo, o para sentir que con las palabras uno podía crear el mundo, las cosas. Hablaba de la escuela, del volver a ella. De vergeles y pájaros. Y del saber.

La pizarra era ella. Y la tiza. Metida en la cartilla, estaba ella. Repartida. Era más que el sonido de las letras. Más que todas las sílabas. Era uva. Era osa mayor. Estrella.

Se volvía jardín cuando hablaba de flores, y paloma cuando nos regalaba las alas. En la cartilla estaba el Aro, el Elefante, la Iguana, el Oso, la Uña. Y las vocales, enormes, bien pintadas. Pero ella era más que una sucesión de letras. A veces era Blancanieves. O Cenicienta. Erase una vez. Muchas veces. La señorita Caridad estaba en todas las fábulas, en todas las geografías.

Pertenecía a los asombros. En ella hubo algo de nido, algo de ninfa, y mucho de maga. Era capaz de hacer entrar el arco iris al salón (era un aula amplia, de altos techos, por las ventanas se metía bastante cielo). Con ella, el universo estaba al alcance de la mano.

No sé si lloraba por alguna ausencia. Porque, más que todo, era alegre. Era la alegría de enseñar, de sentirse útil, de transmitir emociones a la chiquillería.

Había algo de mamá en su actitud. Y también de diosa. Ahora, desde el balcón del tiempo, la miro y me parece ver en ella a una niña. Porque la señorita Caridad nunca perdió la infancia: la recuperaba en cada relato, en cada lectura, en cada poesía.

La señorita Caridad es ahora como una antigua canción, de esas que jamás pasan de moda y que uno, en sus soledades, tararea, tal vez para sentirse acompañado.

Así era ella, tan mimosa, tan hada. Tan de nosotros. No fue mi maestra de primer grado… Pero… ¿Quién podrá olvidar una maestra así?


Foto: https://www.facebook.com/inocencio.adames.1/posts/350699382543621

Biografía: https://villaliteraria2010.blogspot.com/2016/02/caridad-villasana-ghezzi-ilustre.html?


Caridad Villasana (1916 -1993)

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