jueves, 21 de diciembre de 2017

Contexto histórico y geográfico del nacimiento de Jesús

                                                  “Y tú , oh Belén Efrata, el demasiado pequeño para
                                                       llegar a estar entre los miles de Judá, de ti me saldrá aquel
                                                   que ha ser gobernante en Israel, cuyo origen es de tiempos
                                                   tempranos, desde los días de tiempo indefinido” 
(Miqueas 5:2).
                                                    
    Los dominios del Imperio romano para finales del siglo I antes de la Era Común (EC) se extendían desde Britania hasta el norte de África y desde el océano Atlántico hasta el golfo Pérsico, rodeando el mar Mediterráneo. Por lo tanto, la tierra de los judíos llegó a ser parte del Imperio. Emergía así la bestia “espantosa y terrible” de la profecía de Daniel, con una férrea dominación que se prolongó a lo largo de trece siglos.

     El 16 de enero del año 27 a E. C., el Senado romano otorgó a Cayo Octavio, sobrino nieto de Julio César, el título de Augusto; posteriormente también adoptó el de “Pontifex maximus”. Como emperador efectuó reformas en el gobierno de Roma, reorganizó el ejército, estableció la guardia pretoriana y construyó y restauró muchos templos dedicados al culto pagano politeísta. También nombró gobernadores o legados en algunas provincias y emitió un decreto de inscripción destinado, en especial, a la recaudación de impuestos y el reclutamiento militar. Augusto era considerado como un dios o un salvador para los romanos paganos.

    Una de las provincias del Imperio romano era Siria, que abarcaba además toda la Palestina. El legado fue entregado a Publio Sulpicio Quirinio, cerca del año 2 a E. C. De este personaje dice el historiador judío Josefo que era “Senador que ya había ejercido todas las magistraturas”. Residía en Antioquía, la tercera ciudad más grande del Imperio.

    Lucas, un médico e investigador concienzudo, escritor del tercer evangelio, refiere que poco antes del nacimiento de Jesús, Augusto emitió un decreto que obligaba a todo habitante de provincia romana, incluidos los judíos, a inscribirse en su ciudad de origen; por lo que “todos se pusieron a viajar”.

    Un descendiente del rey David, José, en obediencia al decreto de César Augusto, se desplaza con María, su joven esposa, en un agotador viaje por un camino accidentado de 150 Km desde su casa en Nazaret, en el norte, hasta Belén, al sur. Esta era la ciudad natal del rey David, pero no adquirió mayor relevancia, tampoco tenía una gran población. Sin embargo, esta pequeña aldea tendría el honor singular de ser el lugar de procedencia del Mesías, según la profecías de Miqueas (5:2). Al llegar a Belén, el pequeño entre los miles de Judá, José y María (quien se encontraba en “avanzado estado de gravidez”) no encontraron otro lugar de alojamiento que un establo. Allí dio a luz María.

    La zona rural de Belén produce cada año un buen surtido de aceituna, uvas y varios cereales, como la cebada. También sus pastos invitaban a los numerosos rebaños de ovejas. Para esta época, antes de la temporada de lluvias, está culminando la cosecha y con ella el año agrícola del calendario hebreo. En algunos lugares se empieza a arar la tierra, a la espera de las lluvias tempranas de otoño. Es el mes de Etanim o Tisri (septiembre a octubre en el calendario gregoriano). A campo raso, los pastores llevan a pastar sus rebaños, guardando las vigilias de la noche. No será hasta el mes de Tebet (diciembre a enero) cuando se presenten las heladas de invierno en Belén y Jerusalén. (Lucas 2:8).

    De acuerdo con la información más confiable del registro bíblico, la época del nacimiento de Jesús se ubicaría cerca del equinoccio otoñal (21 de septiembre) y no después del solsticio de invierno (21 de diciembre). Más concretamente, Jesús debe haber nacido alrededor del primero de octubre del año 2 a EC., en armonía con la cronología bíblica.

   Volvamos a los campos de Belén... una figura angelical se aparece junto a un grupo de pastores y una intensa luz centellea en derredor de ellos, haciendo más clara la serena noche de otoño. El ángel tiene un mensaje: “Les ha nacido hoy un Salvador que ha de ser Cristo el Señor, en la ciudad de David”. Les anuncia también la señal que verán: “Un nene envuelto en bandas de tela y acostado en un pesebre”. De pronto, no es solo un ángel, sino multitud de ellos los que dicen en coro: 

“Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad”.
    
Al dirigirse apresuradamente al pueblo, encuentran al niñito en el pesebre junto a sus padres, José y María, y algunos animales en el establo. Poco después, la familia favorecida por Jehová se muda a una casa en el mismo pueblo de Belén, donde el niño (ya de unos dos añitos), recibirá la visita de extraños personajes del Oriente. Más tarde, José se marcha a Egipto para preservar la vida del niño de las intenciones homicidas de Herodes. Finalmente volverá a Nazaret, ciudad de donde había salido para cumplir con un decreto, que a la larga fue providencial y permitió el cumplimiento de la profecía pronunciada por el profeta de Jehová, Miqueas.

Texto: Argenis Díaz.

Referencias

Perspicacia para Comprender las Escrituras. Watch Tower, 1991.
Traducción del Nuevo mundo de las Santas Escrituras. Watch Tower, 1987.

Sitio de la imagen: 
http://www.monografias.com/trabajos98/en-que-ano-nacio-jesus-nazareth



Representación del nacimiento de Jesús en Belén.


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