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jueves, 20 de junio de 2013

Rosana Hernández Pasquier y su ceremonia poética

Rosana Hernández Pasquier. Poeta y editora nacida en Villa de Cura, estado Aragua (1955). Fundadora del Movimiento Cultural Zamora. Participó en talleres literarios auspiciados por la Secretaría de Cultura del estado Aragua y desempeñó el cargo de directora de Cultura del Municipio Zamora (1993) y asesora de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa del estado Aragua (1994-1996). Actualmente dirige el sello Blacamán Editores. Es colaboradora asidua de publicaciones regionales y nacionales. Redactora de piezas políticas publicitarias. 

 
Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación, regionales y nacionales, y en la antología Poesía de Aragua (1966-1996), compilada por el poeta Efrén Barazarte. 
 
Ha publicado los poemarios Ceremonia del horno (La Liebre Libre, 1993), Las oscuras cavernas del olvido (Blacamán Editores, 1999; antología poética del poeta José Manuel Morgado), El envés de los días (Secretaría de Cultura de Aragua, 2005) y El cuerpo de la transparencia (Fundación En Cambio y Blacamán Editores, 2012), y la plaquette Astilla de la noche (Editorial La Espada Rota, 2006; selección de poemas del libro inédito Aposento de lo cotidiano).

En Ceremonia del horno, su primer poemario, destaca su adherencia a la memoria personal y colectiva que evoca las cosas cotidianas, la casa, la infancia y todo cuanto nutre su ser femenino y poético, el recuerdo ardoroso que llevamos en el corazón desde ese espacio que se llama hogar. 
 
La cotidianidad se trastoca en El envés de los días, transfiguración de la realidad a través de una metáfora que aflora en su escritura, una escritura limpia y transparente que luego fluye como el agua en otro poemario más reciente: El cuerpo de la transparencia (2012) que demuestra una voz madura y consolidada, segura de sí misma y liberadora. 

    Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el IV Premio Nacional del Libro de Venezuela 2006, en la categoría de libros experimentales, por Astilla de la noche, y el premio de dramaturgia de la Bienal Nacional de Literatura Augusto Padrón 2008 por su monólogo Al tibio rescoldo de la noche. En el 2009 se hace presente junto a varios poetas venezolanos y argentinos en el libro Poesía Latinoamericana Argentina – Venezuela. (Poesía de Rosario. Ediciones Juglaría. Argentina). Actualmente forma parte de la asociación civil para filmación y cine Sancocho Público.  

Es imposible hablar de Rosana Hernández Pasquier y no referirse al poeta y pintor Aly Pérez, por eso para celebrar la palabra de esta poeta villacurana transcribimos este poema dedicado al gran bardo que nos dejó el sabor de la ausencia en el canto de un gallo…


POEMA DE GALLOS Y MEDIAS LUNAS

A Aly Pérez

La poesía es el canto de un gallo
su plumaje de colores
apunta hacia el poniente
su pico de plata en la hora del alba
anuncia el negro continente de unos ojos

El poema es la centella
lo que quema
los gallos repiten su candela
con voces de medianoche
y movimiento pendular de medias lunas

Los gallos
aves de corral
saben del paso de la lluvia
del dolor de la teja por el corvo
conocen del aroma del cilantro
que revienta en la grieta de un mosaico

Los poemas son aves de corral
que picotean y cantan nuestros abismos
con música de penumbras
se cambian en luciérnagas
lamparitas de cuanto desconocemos

Del `poemario: El envés de los días (2005)

Texto: Argenis Díaz

Fotos: Facebook de Rosana Hernández.

Rosana Hernández Pasquier. Villa de Cura.


Poeta: Rosana Hernández Pasquier



miércoles, 29 de abril de 2020

Rolando Quero se hizo pintor

A modo de presentación

Yo conocí a Rolando Quero cuando no era pintor. Éramos unos niños, con alto interés de estarnos bajo las sombras de los samanes, que poblaban y aun pueblan el espacio de una placita vecina a nuestras casas: la placita de la Virgen de Lourdes. Llegábamos allí siguiendo el camino que los bachacos nos habían enseñado. Decíamos en secreto nuestras pequeñas oraciones y jugábamos a ser grandes desde los diminutos platos de una vajilla de porcelana, donde reposaba el sueño de una ensalada con un trocito de carne.

Y digo que ciertamente Rolando no era pintor, pero los colores de este encarnado trópico ya habían hecho nido en esa mirada, en el ojo que posee todo el que aspire a ser un creador en el mundo de las artes plásticas. Indiscutiblemente Rolando era de esta estirpe.

Muy pronto supimos que él tenía una efervescencia de colores en el pecho. Tendría unos trece años cuando elaboró unas réplicas, tan perfectas, en óleo, y demás, en un formato significativo que pasaba del metro, que todos lo vimos como lo que Rolando ya era: un pintor. Por eso en nuestra cuadra él tuvo modelos que posaron para su obra, mi hermana fue una. En el cuadro quedó transformada para siempre en una bailarina.


No dudó y tempranamente abandonó el país para hurgar en el insondable mundo de la creación. Incorporó entonces a España en su interior donde habitan olivares, arenas, soles. Crecieron adentro otros mares con lunas y las formas misteriosas de los sentimientos junto a los samanes de la placita, los milagros de la virgen, los signos del fuego, las señales del verano en los apamates en flor. La sempiterna cercanía de nuestros muertos. La compañía de El Ángel de la Guarda invocada por todas nuestras madres.


Los primeros cuadros de Rolando fueron figurativos. En el viaje, en el tráfico se fueron trocando en formas interiores, en manchas, re-creaciones de los recuerdos, o como dice de la obra de Rolando el acreditado conocedor y crítico de artes plásticas, Gabino Matos: formas y planos seccionados en un inacabado ritmo circular, a modo de circunferencias y espirales fragmentadas, revelan un halo misterioso de significados recónditos e imposibles. Pinturas que sugieren lo infinito, lo interior, lo misterioso; una suerte de pretensión de ir más allá del dato fácil que proporcionan los sentidos.

Cuando me inclino ante el mundo que contiene un cuadro de Quero, doy con una poética donde los colores, unas veces acentúan el vértigo de la desolación. Otras, el signo se compacta en sustancias oscuras que pertenecen a otro contexto y que el afán y los trajines de la búsqueda, hacen que habite el espacio de la tela para crear otra relación marcada por el relieve de la huella, el bulto del signo, tal vez de una nube en el ocaso de una tarde en Villa de Cura o en Túnez. En palabras de Gabino: una declarada oposición a la lisura y materiales pictóricos convencionales.


Decir Rolando Quero, es decir del empeño por descifrar la urdimbre de colores, ese insistir en otras formas. Así el ojo sobre la tela vuelve hacia el pájaro, la orilla, el ala de soñar, el íntimo rumor del rojo, el aguijón oscuro de una reja. Pinturas, obras donde los trazos crean un espacio de libertad, encerrado en el infinito círculo de lo universal


Rosa Hernández Pasquier, poeta y editora. 






Obras de Rolando Quero.
Rolando Quero, artista plástico.

Rosana Hernández Pasquier, poeta y editora.